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ESCUELA TERESIANA DE Evangelización y CATEQUESIS 
<<E.T.E.C.>>

OBJETIVO GENERAL: 

EL FIN DE LA CATEQUESIS ES DESPERTAR,HACER CRECER Y MADURAR LA VIDA DE FE.
EDUCAR EN LA FE

Pensar, Sentir y Amar Como Jesús



LÍNEAS MAESTRAS

1. Educamos educándonos desde una comunidad que va aprendiendo a relacionarse en congruencia con los fines de la educación que pretende.

*Abierta a la realidad, con una mirada positiva, capaz de reconocer los valores existentes 
*Priorizando a la persona, desde el reconocimiento de su hermosura y dignidad
*Con opciones claras por la transformación social hacia la equidad, reciprocidad, inclusión, solidaridad
*Reflexionando sobre su práctica, con reflexión e investigación
*En conversión continua, desde abajo y desde dentro 
*Buscando y vinculándose con otros/as, 
*Trabajando en equipo con visiones compartidas y formando redes
*Relacionándose desde principios éticos


2. Educación para la formación de personas, hombres y mujeres

sujetos de encuentro
formadas integralmente: mente y corazón; capacidad crítica y compasión, corresponsabilidad y cooperación; sabiduría y saber instrumental.
Transformadores sociales: 
ciudadanos enraizados en la propia cultura con apertura al mundo global,
conscientes de su identidad y pertenencia, 
creadores de cultura solidaria y de paz.

3. Educación para vivir y conformar sociedades 

plurales, interculturales, democráticas, inclusivas y solidarias
formadas en el diálogo, la aceptación de diversidades, la relación intercultural, 
la participación corresponsable y la colaboración
la no violencia, la resolución de conflictos, el perdón y la reconciliación.


4. Educación para formar Iglesia, 

comunidad de discípulos de Jesucristo, 
que le sigue por el camino de las bienaventuranzas,
dejándose iluminar por su Palabra, alimentándose de Eucaristía,
y se va haciendo pobre y solidaria por la compasión con el sufrimiento
que lleva a despojarse de sí y al amor que la redime,
a conocer y amar a Jesucristo y hacerle conocer y amar por todos/as
Formada para el trato de amistad,
el descubrimiento de su interioridad
y la comunión con Dios presente en la historia y
sentido último de la vida.



EL CARISMA TERESIANO

El Señor ha suscitado en la Iglesia la familia del Carmelo y la ha renovado con el carisma singular de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz y sobre estos nuevos cimientos de la Orden no cesa de llamar a otros a que respondan mediante el testimonio fecundo de su experiencia personal y comunitaria.

Carisma equivale a gracia (don), según la teología gracias especiales conferidas en servicio de la Iglesia o simplemente a favor de los otros. Dentro de la iglesia, el carisma de la vida religiosa consiste en la gracia peculiar otorgada al fundador o fundadores para comunicarla y compartirla con el grupo de seguidores siempre al servicio de la Iglesia y de la humanidad.

La gracia impartida a Teresa de Jesús está atestiguada por ella misma al relatar la 'orden de envío' recibida del Señor. Escribe: Habiendo un día comulgado, mandándome mucho su Majestad lo procurase con todas mis fuerzas, haciéndome grandes promesas de que no se dejaría de hacer el monasterio, y que se serviría mucho en él, y que se llamase San José, y que a la una puerta nos guardaría El y nuestra Señora la otra, y que Cristo andaría con nosotras, y que sería una estrella que diese de si gran resplandor… (V32, 11)

La recepción del carisma teresiano por parte de sus seguidores fue pacífica y plena en la primera generación de descalzos y descalzas. Mucho más consciente y total por parte de estas últimas.
 

“Todas las que traemos este habito sagrado del Carmen somos llamadas a la oración y contemplación, porque este fue nuestro principio, de esta casta venimos, de aquellos santos padres nuestros del Monte Carmelo…” (M 5, 1,2). Es decir, que la fundadora es plenamente consciente de que su fundación no implica rotura sino continuidad respecto del antiguo Carmelo. De él retiene y renueva la inspiración mariana y eliánica de la Orden, el amor a la oración y un profundo reclamo a la experiencia de las cosas de Dios en soledad.

Desde ese arraigo en la rica tradición del Carmelo brota lo especifico e innovador de su carisma de fundadora, poniendo en marcha el nuevo “estilo de hermandad y recreación que tenemos juntas” (F13, 5) característico de sus primeros carmelos y luego transmitido a los descalzos. Novedad de vida comunitaria inculcada pedagógicamente en su camino de perfección… acentuando siempre la intencionalidad eclesial, sea en la vida contemplativa, sea en la tarea pastoral.


Características de su nuevo “estilo de vida”

Estilo de ser, hablar y vivir que debía configurar a la comunidad religiosa de sus carmelos.
Equilibrio de lo festivo (“hermandad y recreación”) con lo teologal (oración, seguimiento y amor de Cristo) Las dos horas de oración comunitaria se corresponden con otros dos tiempos de recreación. Coherencia de lo interior con lo exterior. Equilibrio de soledad y comunidad, de silencio y comunicación, de clausura y presencia a la ciudad a diferencia del estilo de vida religiosa de ese tiempo en que primaban el rigor y las penitencias corporales, ella prefiere la distensión, la comunicación intercomunitaria y ciertas formas depuradas de amistad. Hablando de la humanidad de Jesús, ella acuna la formula divino y humano junto (M6, 7,9). He aquí su concepción de vida religiosa. «Así fue Teresa de Jesús humana y Santa»
Surgirán ejemplares excelentes de su carisma unos de su marco histórico y otros más recientes, prueba todos ellos, de la pervivencia y actualidad del carisma de Teresa de Jesús.¿Qué ofrece Dios a la Iglesia a través de la doctrina de Teresa de Jesús?
Comunidades orantes al servicio del reino, comunidades contemplativas amigas y hermanas al servicio del reino. Lo que nos caracteriza es la comunidad contemplativa. El ser contemplativo es abrirse a Dios para recibir su Palabra y encarnarla.

CARISMA TERESIANO

El origen de la familia teresiana en el Carmelo y el sentido de su vocación en la Iglesia están estrechamente vinculados al proceso de la vida espiritual y al carisma de santa Teresa; sobre todo a las gracias místicas que la impulsaron a renovar el Carmelo, orientándolo por completo a una vida de oración, a la contemplación de las cosas divinas, según la regla primitiva de los ermitaños del Monte Carmelo, viviendo los consejos evangélicos en una pequeña comunidad fraterna fundada en soledad, oración, trabajo y silencio, con un sentido apostólico al servicio de la Iglesia, especialmente por la santificación de los sacerdotes y con un profundo espíritu mariano. (Cf Const. 4-6)
 
 
 
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