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Pastoral Vocacional

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¡Oh Jesús, Buen Pastor,
dígnate mirar con ojos de misericordia a esta porción de tu grey amada.
Señor, Suscita en tu Iglesia vocaciones sacerdotales,
consagradas y laicales para extender tu reino.
te lo pedimos, por la inmaculada Virgen María de Guadalupe, tu dulce y Santa Madre!
¡Oh Jesús, danos vocaciones Según tu corazón!
María Madre de toda vocación. Que nuestra respuesta sea de corazón


 
LA VOCACIÓN

La fidelidad a la vocación sea cual sea, es fidelidad a Dios, a la misión que nos encarga, para lo que hemos sido creados: el modo concreto y personal de dar gloria a Dios.

Desde donde nos encontremos, por ejemplo, el matrimonio tiene que mostrar en la familia, el compromiso que se adquiere con la esposa, el esposo y las responsabilidades que se tienen para con los hijos, dando testimonio cristiano. Cada uno desde el momento y situación en la que se encuentre, buscando responder a la vocación a la que Dios nos llama.
“Y subiendo al monte llamó a los que él quiso, y fueron junto a él. Y eligió a doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar con poder de expulsar demonios. Y formó el grupo de los doce” (Mc.3, 13).
Cristo elige a los suyos, y este llamamiento es su único título. Jesús llama con imperio y ternura. Nunca los llamados merecieron en modo alguno la vocación para la que fueron elegidos, ni por su buena conducta, ni por sus condiciones personales. Es más, Dios suele llamar a su servicio y para sus obras, a personas con virtudes y cualidades no tan sobresalientes, para lo que realizarán con la ayuda divina.

VIVIR LA VIDA COMO VOCACIÓN
• Vivir la vida como vocación es entrar en el juego de la llamada, respuesta y encuentro de Dios con los hombres. Es el juego que Dios ha empezado a jugar con la humanidad desde el comienzo de la historia de la Salvación. No sólo un juego individual, sino también un juego con todos, como miembros de la comunidad humana.
• Vivir la vida como vocación es seguir un itinerario, seguir “el camino”: la identificación con Cristo Jesús. Jesús de Nazaret vivió en un permanente Sí al Padre. Toda su vida transparenta la misión a la que es enviado. Su fidelidad al plan salvador de Dios le lleva hasta la muerte, pero no le deja en la muerte. Dios le resucita para una vida nueva y definitiva.
• Vivir la vida como vocación es dejar actuar a Dios. Dios toma la iniciativa de llamar a todos los hombres y en todas las épocas. Los hombres, atentos al plan de Dios, que contempla a toda la humanidad, responden desde su libertad. Decir Sí a la propuesta divina es dar una respuesta salvadora a las necesidades de los hombres, a las necesidades del mundo.
• Vivir la vida como vocación es vivir la fe cristiana. La fe como llamada de Dios, llamada nominal (por mi nombre); la fe como respuesta personal. La fe que requiere encuentro. La fe en el Reino; creo, me apasiono y trabajo por el Reino. La fe que es adhesión personal a Jesús y a su Mensaje, confianza total en Él. Es vivir fiándose de Él.
• Vivir la vida como vocación es mantenerse en un camino de conversión como dinamismo de renuncia a valores que están en alza en el mundo, para adherirme a los valores del Reino. En constante discernimiento para identificarme con el proyecto de Jesús, con disponibilidad para participar en el plan de Dios, con libertad para acoger el puesto concreto que Dios me tiene reservado, como regalo y compromiso al mismo tiempo.
• Vivir la vida como vocación es dejarse interpelar por los problemas humanos, por las situaciones de marginación, por la falta de valores, por el hambre de Dios, por la pobreza, por la injusticia y, ¡cómo no!, por los acontecimientos de mi propia vida como signos de la acción de Dios. Requiere analizar los impulsos que percibo en el interior del corazón, cuando conecto con Dios y, en traducción simultánea, con los gritos de los hombres.
• Vivir la vida como vocación es optar por la felicidad, mía y de todos. Por la felicidad que se conquista al contagiarse de los mismos sentimientos de Cristo Jesús, al entrar en el juego divino del “gana-pierde” (quien pierde la vida, la gana) o del trueque (si eliges el último, serás el primero). Es saber que la felicidad juega al escondite (como sombra que te sigue) y para alcanzarla no es aconsejable buscar la propia, sino que es mejor vivir empeñados en que muchos encuentren la suya.

PARA VIVIR LA VIDA COMO VOCACION
• Para vivir la vida como vocación ES IMPRESCINDIBLE ACOGER y desarrollar un proceso de maduración en la fe que requiere contemplar la actitud de total disponibilidad de Jesús al Padre, imitar la incondicional y humilde respuesta de María y hacer de la vida un servicio de amor a los hermanos.
• Para vivir la vida como vocación ES BUENO contemplar modelos de referencia, hombres y mujeres identificados con su vocación sacerdotal, laical o consagrada.
• Para vivir la vida como vocación ES INDISPENSABLE desarrollar con responsabilidad un proceso de personalización, dejándose acompañar por guías espirituales, para descubrir que la fe en Jesús abarca toda la persona, nos integra en la Iglesia y nos llama a realizar la única vocación de la Iglesia, ser sacramento de Dios, de Jesucristo. Desde el compromiso a realizar una misión de servicio a los hombres y al mundo, optando por el matrimonio, la vida religiosa, el ministerio sacerdotal o el ministerio laical. Conscientes de que nadie opta por mi y de que es difícil vivir la vida como vocación, si en un momento de mi existencia no he realizado mi opción vocacional.
• Para vivir la vida como vocación ES IMPORTANTE descubrir que en la Iglesia todos los miembros participan de una dignidad común, todos son llamados a la santidad, todos cooperan a la edificación del único Cuerpo de Cristo, cada uno según su propia vocación y los dones recibidos: los laicos que en su dimensión secular reflejan el misterio de Cristo, en cuanto alfa y omega del mundo, fundamento y medida del valor de las cosas creadas; los ministros sagrados, como imagen viva de Cristo Cabeza y Pastor, con sus distintos ministerios, al servicio de la Comunidad; los consagrados que señalan al Hijo de Dios hecho hombre como meta escatológica a la que todo tiende, belleza infinita transcendiendo lo terreno, reproducción en el hoy histórico de Cristo virgen, pobre y obediente.

ORACIÓN
Sólo Dios puede dar la fe,
pero tu puedes dar tu testimonio.
Sólo Dios puede dar esperanza,
pero tú puedes devolverla a tu hermano.
Sólo Dios puede dar el amor,
pero tú puedes enseñar a amar.
Sólo Dios puede dar la paz,
pero tú puedes sembrar la unión.
Sólo Dios puede dar la fuerza,
pero tú puedes animar al desanimado.
Sólo Dios es el camino,
pero tú puedes señalarlo a los otros.
Sólo Dios es la luz,
pero tú puedes hacer que brille a los ojos de todos.
Sólo Dios es la vida,
pero tú puedes hacer que florezca el deseo de vivir.
Sólo Dios puede hacer lo que parece imposible,
Pero tú puedes hacer lo posible.
Sólo Dios se basta a sí mismo,
Pero prefiere contar contigo.
(XLVI Jornada mundial de oración por las Vocaciones)
Tomado de http://www.iglesia.org
 
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